El Trazo Amable

Tanto en el momento de meditar, como cuando estamos en un proceso creativo, dirigimos nuestra atención hacia un punto en concreto, en el cualnos concentramos; en este estado de concentración  de la mente, los elementos superfluos, pensamientos, recuerdos, imágenes… van desvaneciéndose poco a poco.

A través de esta actitud de  absorción, entrega, de concentración y atención con lo que estamos haciendo, todo lo que nos rodea deja de existir, o mejor dicho, dejamos de tenerlo presente  y entramos en un espacio de “no tiempo”, entramos en el presente eterno, ese instante sin principio ni fin, y permitimos que ese infino se convierta en libertad para el alma.

El Trazo Amable, nos invita y conduce, a través del trazo inconsciente, a ese mismo espacio. Nuestro diálogo interno se para y de manera consciente nos acercamos a nuestro inconsciente, permitiendo que nuestra intuición aflore… dejándonos llevar por ella.Cómo en la meditación no vamos a la búsqueda de unos resultados concretos, de la cantidad o cualidad de los mismos puesto que lo que verdaderamente importa es el proceso de crear, el momento, el instante en que nuestro lápiz se desliza por el papel.

No hay una intención premeditada, ni el propósito de expresar o de expresar-se, no hay un hacerlo bien, o bonito, o correcto, no hay una estética, ni un diseño… sencillamente en el acto creativo de la pintura amable, dejamos una puerta abierta para que la intuición aflore. Vamos a capturar lo eterno, a detener al vida para poder contemplarla. Porque es lo eterno lo que alimenta el alma y la intuición es una cualidad del alma.

El “Trazo Amable” es un lenguaje íntimo y personal que mantenemos con nosotros mismos, son aquellas formas abstractas, signos o garabatos que de manera despreocupada dibujamos en un papel mientras hablamos por teléfono, tomamos un café o estamos distraídos viendo algo. Les llamo “Amable” porque surgen de manera natural y espontánea. Con ellos no pretendemos explicar ni decir nada; no son dibujos que hagamos para comunicarnos o para ser contemplados por otros; simplemente son formas que duermen en nuestro interior y que aparecen cuando les abrimos la puerta.

No son formas que tengan que ver con la razón sino más bien con la expresión no razonada; la creatividad y en este caso, el “Trazo Amable”, no es algo que tengamos que aprender sino que es algo a realizar, ya que forma parte de nuestra naturaleza innata. Cuando mente, cuerpo y emoción están en armonía aparece la intuición. Estos trazos son la manifestación de esa intuición; podríamos decir que pertenecen al mismo mundo de los sueños en el que la razón no interviene y, sin embargo, cuando dormimos el sueño aparece y sana.

Las figuras que surgen desde el inconsciente en el “Trazo Amable” también son llamadas “Mandalas Psíquicos”, ya que nacen del mundo de la abstracción, del mundo de las ideas, y toman forma de manera espontánea a través del gesto, ordenando y concretando nuestra dispersión mental en el preciso momento que los estamos realizando. Normalmente estos trazos se van conformando a partir de simples figuras geométricas: círculos, espirales, líneas, palos, puntos,…etc, la combinación y reiteración de estas formas simples son lo que va enriqueciendo el dibujo; hay que tener en cuenta que la repetición es una de las formas básicas de la expresión del individuo.

Es un acto de expresión sin intención que no requiere esfuerzo alguno por parte nuestra, a diferencia de cuando queremos dibujar, que lo que pretendemos es hacer una imagen de algo concreto; creatividad es permitir que algo suceda a través de nosotros, cuando esto ocurre, hay armonía en nuestro interior, pues si dejamos que algo suceda significa que nuestro ego ha quedado al margen sin intervenir.

Realizar un Mandala con nuestro propio “Trazo Amable” favorece la conexión con uno mismo y es mucho más sanador y reparador, ya que estamos trabajando con nuestra propia impronta personal.

Texto extraído del libro “Los Chakras – Mandalas de Energía”
Autora Tat – Montserrat Estrada
Edit. mtm